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“Me dejo estar en poesía para sentir el mundo que me rodea”

En esta nueva entrega, el Ciclo Somos invita a conocer el universo literario de Cintia Úbeda, poeta viedmense, autora de libros para infancias, apasionada docente, y directora de la Editorial Municipal de la capital rionegrina.

Fecha: 27 de marzo de 2025
Cintia Úbeda, autora viedmenseCrédito: Gentileza de Cintia Úbeda

Por Sebastián Carapezza

Cintia nació y vive en Viedma. Es docente en escuelas de nivel primario y secundario y coordina apasionadamente talleres literarios para infancias, jóvenes y adultos. También es madre, corredora y practicante de otros varios deportes, que entiende como formas de supervivencia a la rutina.
Además, escribe mucho. Ha publicado libros para infancias y poesía, y hoy trabaja en su primera novela. Pero su vínculo con el universo literario tampoco acaba allí pues desde 2021 dirige la Editorial Municipal.
El puntapié de nuestra charla son sus obras editadas, invitación que lejos de dar lugar a un recuento cronológico, permite conocer a una autora que da muestras de cómo la belleza cotidiana y lo que indigna puede germinar en palabras, que hace de cada experiencia literaria una oportunidad para integrar las múltiples facetas que la atraviesan tan hondo como el mar que respira a diario.

- En 2019 el FER publicó “El Libro Rojo”. ¿Cómo se gestó esa obra?
- “El Libro Rojo” nace de un hecho puntual, de una vivencia que me contó una mamá docente y lectora: un día fue a una reunión en una biblioteca pública con su nena y la chiquita agarró unos libros. La bibliotecaria se los negó por una cuestión de horario, argumentando además que esos libros no eran para su edad. Esa actitud nos llevó a pensar sobre las causas por las que las personas a cargo de esos espacios no están formadas para trabajar con niños y libros…
Por otro lado, recuerdo que en ese momento estaba dando un taller en un Centro de Atención Comunitaria en un barrio popular de Viedma, al que concurría un niño que se llama Ignacio, que no hacía otra cosa que leer. Su madre me pedía libros todo el tiempo porque se los devoraba. En ese contexto, además, sucedían los juicios por el asesinato de Daniel Solano, joven trabajador golondrina de esta provincia.
Entonces se me ocurrió cruzar todas esas historias y contar la vida de Nacho, un niño que leía mucho y que a pesar de aquella primera experiencia, vuelve a la biblioteca pública. Y se va convirtiendo en un gran lector y a la vez en un “bicho raro” para sus compañeros… Hasta que conoce a Mariana, hija de trabajadores golondrinas, de quien se hace muy amigo. Hasta que un día ella desaparece repentinamente…
En esta historia me parece importante poder reflexionar acerca de lo que significa el acceso a la literatura, y hablar problemáticas de nuestra provincia: lo que sucede con los trabajadores golondrinas, los invisibles, que en definitiva son personas que vienen y van, y parece que no existen porque están de paso, y sin embargo no es así.

¿Acaso leer no está de moda? ¿Puede todavía pensarse que las niñas y niños que leen son “bichos raros”? ¿Cómo atraviesan las infancias sus lecturas? ¿Qué ocurre cuando llega al aula un hijo o hija de trabajadores golondrinas? “El Libro rojo” abre sin dudas esos interrogantes; refiere también a la relación ficción-realidad, a la amistad, el amor, la maternidad; y lo hace con guiños claros con el entorno local. Un libro-álbum de lectura necesaria, de las que trae el persistente murmullo de los que habitan este suelo patagónico, de los que aún siguen luchando. Se lee en la dedicatoria “A Daniel Solano, que perdió sus alas en nuestras cosechas. A los trabajadores golondrina que vienen y van sin ser advertidos

A propósito de sostener, acompañar, visibilizar causas que perduran en el tiempo, en 2017 otra obra de la autora, “El campeón”, recibió un reconocimiento en la Convocatoria anual del FER. Su publicación ocurrió finalmente en 2021, en el marco del “Plan de ediciones especiales” a través del que fueron saldándose compromisos de la gestión previa. Indago sobre quiénes son para ella los verdaderos campeones en esta vida.
- Creo que los campeones somos absolutamente todos, cada uno de nosotros enfrentando lo que nos pasa. Y aún cuando no sea tan así, también somos campeones cuando estamos intentándolo todo el tiempo.
El personaje de este libro, Fernando, nació en un otoño eterno en nuestra comarca, en el que llovió durante semanas. Esa es una época del año donde todo está muy gris y sobre ese gris cae más gris, y parece que nunca va a parar. Esos momentos en los que sentís que todo te sale mal.
Ese gris es algo que nos pasa a todos en diferentes periodos y circunstancias. Ante esa situación yo hago cosas que me gustan, como correr, que es una actividad que practico hace 30 años. Ahora estoy andando mucho en bicicleta y cuando lo hago simplemente suelto lo que tengo en la cabeza. El jugar, el reirte, el moverte, hace que te desconectes de lo que te está pasando y sientas que no es tan grave, y que sea lo que fuera, lo vas a poder solucionar.
El personaje de este libro refleja eso: él también necesitaba recuperar su parte lúdica e infantil como correr con los niños, con un perro... ¿Quién no se conmueve con la risa de un niño? ¿O cuando un perrito nos mueve la cola? Esa conexión hace que puedas salir de vos mismo para ponerte en otro lado. Es una obra destinada a niños, niñas y adolescentes porque creo que es importante transmitir, saber, que problemas tenemos todos, incluso los niños.



- ¿Crees entonces que el clima exterior incide en las obras de los artistas?
- Totalmente. Los temas que se tratan en cada región son distintos: la música, los aromas, la textura, los colores que tiene cada texto son diferentes entre sí. Enseguida te das cuenta de dónde viene el autor cuando lees alguno de sus textos. En las obras de nuestra región, la comarca Viedma-Patagones, están muy presentes el río, el mar, el viento, hay olas y un montón de pájaros en sus cielos inmensos.
No es que uno lo haga conscientemente, en lo personal me nace el texto de lo que desprende lo cotidiano. Veo alrededor, miro el monte y nada me fascina más que la estepa y estar en la inmensidad con sus horizontes amplios y sus estrellas inmensas. Eso sin dudas se nota mucho en nuestras palabras… Es que estamos atravesados por lo social, pero también por lo espacial y lo climático.

Mientras va respondiendo, Cintia se detiene en detalles de la vida cotidiana, saborea esas pequeñas cosas mundanas y tangibles que integran un mar de sensaciones en un océano más vasto. Un rayo de sol, una gota de rocío, el canto de un gallo, la sal del mar… Y entonces se lanza:
- Hay algo con lo que me encanta trabajar y es mi manera de pisar el mundo. Hay un concepto que tomé de Juan Gelman, que es “estar en poesía”. Uno puede andar por la vida caminando, haciendo sus quehaceres, simplemente funcionando; otra cosa es hacerlo “estando en poesía”. Yo elijo esto último y si bien no estoy las 24 horas en ese estado, cuando me conmueve algo, sea la emoción más hermosa o la tristeza más honda, es porque me dejo estar en poesía para sentir el mundo que me rodea. Necesito experimentar las cosas… Si no experimento el dolor, no voy a saber lo que es la felicidad; si no escucho, miro, acaricio todos estos sentimientos, estaría hablando desde la mentira, desde un lugar que nunca experimenté. Hay cosas de las que uno no puede hablar ni escribir si no las siente propias.

- Bajo esa idea, ese estado, ¿Qué creés que no debe faltar en espacios como los talleres literarios?
- Hace 21 años que sostengo talleres en el Centro Municipal de Cultura y sin dudas lo que nunca debe faltar es la capacidad de asombro, emoción y el corazón en los lugares donde se trabaja. Me ha pasado infinitas veces estar en contacto con niños en un taller y salir quebrada por la realidad que viven…
Lo cierto es que si no podés involucrarte en los talleres y estar atento a lo que dicen, es muy difícil sostener un espacio de esas características. Porque cuando se trabaja desde la palabra, desde la creación, el corazón tiene que estar abierto a que te pasen muchas cosas que conmueven, desarman y movilizan constantemente, y que nos hablan de una realidad que duele. El roce con estas realidades te abre y atraviesa, algo que no deja de suceder en todos los contextos donde dicto talleres.
Sin dudas que es algo muy fuerte y a veces doloroso, pero no lo cambiaría por nada porque es una experiencia de vida en la que se conecta con otras personas. Siempre digo que cuando termino de dar un taller salgo más enriquecida yo que quienes participaron. Es cierto que soy propensa a lo emocional y me conmuevo fácilmente, pero esas emociones me hacen ser mejor escritora, mejor persona; siento que compartir con otros me ayuda a crecer un montón.

La palabra temprana

Cintia escribe desde que tiene conciencia, desde chiquita: “fue subirme al techo de mi casa, llevarme un cuaderno y ponerme a escribir y respirar”, recuerda. Leer y escribir desde sus primeros años le dejó una huella en algún lugar del alma que la sigue conectando profundamente con el mundo de las infancias. Y desde esa marca, nos habla.

- Sostenés que no hay literatura infantil sino para las infancias ¿Por qué?
- El concepto de “literatura infantil” transmite un sentido de lo “infantil” como si fuera algo menor. La idea de “literatura para infancias” piensa en un destinatario más amplio, que no son ni niños ni niñas... Estoy convencida de que esa literatura es más para adultos que para infancias. Si un adulto lee un texto en el que hay una mirada, una propuesta, una búsqueda por parte de quien escribe, sin dudas le llegará.
En mi caso, no puedo desprenderme de sentir que cuando escribo estoy jugando… Soy niña cuando escribo y cuando escribo, juego. Ya pasé la etapa de los juguetes, pero me gusta seguir jugando y ahora hago hablar personajes, no muñecas.
A su vez, creo que es importante para quien escribe sobre diversidad de infancias, estar en contacto con esa población. Los pequeños de ahora no son los mismos que éramos nosotros. Por ejemplo, mi autora de infancia preferida es María Cristina Casadei, que era una escritora de esta comarca. Su libro “Painé y Juan Cruz”, que me lo dio una seño en la primaria, me voló la cabeza a los diez años. Pero si se lo leo a mi hija a esa misma edad, ella ya no siente la misma emoción que yo…
Soy docente, me encanta enseñar, lo dejo todo en el aula porque soy intensa y compenetrada cuando doy clases. Si no tuviese ese contacto, desconocería las realidades de las infancias, sus intereses, problemáticas, qué los emociona o les da miedo… Y creo que no podría escribir de algo que no sé, no me emociona, no me atraviesa.

¿Cuál es el rol que tienen las ilustraciones en tus libros?
- Para mí es fundamental ese aspecto. Tanto “El campeón” como “El Libro rojo” son libros- álbum donde el diálogo del texto con la imagen es esencial. La imagen no ilustra, sino que cuenta, y para eso era más que necesario que quien hiciera el proyecto conmigo fuera una persona que conociera lo que describo. Tenían que saber lo que digo cuando hablo del mar, del viento o la sal. Que respire el mismo río y mi mismo aire. Eso sin dudas se nota en el trabajo final.
Es así que las imágenes en ambos libros son inmensas, y por eso son co-autoras en ambos proyectos. Cuando me presentaron el dibujo de los personajes eran exactamente igual a lo que me había imaginado, sin haber cruzado una sola idea con ellas sobre eso. Creo que esa característica tiene que ver con darle la libertad a la otra persona a que cuente la historia a su manera y aporte sentido a lo que estoy contando. Sino, simplemente ilustra haciendo una repetición de lo que digo con palabras y eso a mí no me sirve.

- ¿Te interesa la opinión de los lectores?, ¿la de tus colegas?
- Creo que hay algo más técnico que tiene que ver con la estructura y con la forma: tengo grandes colegas que me leen y dan una mano, como Mariana Rizzuto por ejemplo. Me sirve la crítica de un colega pero me interesa muchísimo saber qué sintió el lector, porque si el texto está idealmente escrito y al lector no se le mueve un pelo, no sirve.
Muchas veces escribimos para los propios escritores y no pensamos en quién nos va a leer de manera más general. Puedo utilizar muy buenas metáforas, imágenes y recursos argumentativos, pero si no conmuevo a nadie, no sé de cuánto vale. La verdad es que no escribo ni siquiera para que me lean: escribo lo que me conmueve y no puedo soltar. Y muchas veces también para hacer justicia de historias que me voy cruzando, y sin ser una gran justiciera, eso a mí me calma… Si no puedo hacer justicia porque no soy abogada ni juez, la escribo.

- ¿Existe la musa inspiradora o crear implica ponerse el overol todos los días?
- Creo que son un poco de las dos. Me cuesta mucho sentarme a escribir desde la nada, en cambio cuando algo me conmueve inmensamente ya no lo puedo evitar. ¿Viste que dicen que las mujeres estamos atravesadas por un montón de ideas que andan por nuestra cabeza todas juntas...? Bueno, es eso. He estado corriendo por la costanera y he parado a grabar en el celular una nota a mí misma con algo que se me ocurre para posibles textos. Cuando vienen las ideas, tengo que dejarlas guardadas sino las frases me quedan dando vueltas y afectan el físico. Se detiene todo hasta que las registro en algún lado: yo escribo mientras vivo, mientras siento, en cualquier momento de la vida cotidiana.
Sin embargo, también creo en la importancia y necesidad del trabajo. Por ejemplo, el último libro que publiqué, llamado “De cuando llueve y otros poemas secados a pleno sol”, es una recopilación de textos escritos entre 2018 y 2022 que tuvo dos años completos de corrección. Quizás me cuesta mucho soltar los textos, y es muy soberbio creer que uno escribe perfecto. Por eso se los doy de leer a amigos o colegas que son críticos y jamás se los doy a alguien que solo me va a aplaudir. Son necesarias las devoluciones constructivas para poder crecer.
En la actualidad estoy escribiendo una novela, que quedó en pausa por mi diagnóstico de cáncer, la posterior operación en 2023 y el tratamiento durante todo el año siguiente. La novela se llama “La sangre”, es una historia sobre las vidas de dos mujeres, que transcurren una en 1914 y otra en el año 2060. Cuando la trama avanza, una de ellas va rejuveneciendo hasta que los dos personajes, que están vinculadas precisamente por la sangre, se encuentran.

- Sos la actual directora de la Editorial Municipal de Viedma. ¿Qué función y objetivos tienen?
- El acceso al libro y a la lectura es un derecho universal y la Editorial Municipal es una herramienta para la comunidad cuyo fin es ese: democratizar la lectura y la cultura. Implica básicamente la posibilidad de buscar el recurso, que es lo que siempre cuesta, y poder difundir a los autores del lugar. En nuestro caso no separamos Viedma de Patagones, porque entendemos que somos una comarca.
Es muy importante compartir la palabra, la voz y las ideas y pensamientos que conforman nuestra identidad, nuestra historia. Una de las ideas principales es que estos libros estén en las escuelas, y también está bueno que la gente sepa que quizás al lado de su casa hay un vecino que escribe, publica libros y así puede descubrir en el otro a un artista.
Creo que hay que desarmar esa idea de que el escritor es una persona inalcanzable, es importante que la gente sepa que todos podemos escribir. Que es algo que se aprende, que nunca es tarde para escribir y tampoco temprano. También es importante pensar que para escribir siempre hay que leer mucho. Y que todos podemos querer publicar nuestro libro si es lo que sentimos, pero ese libro tiene que estar visto, revisado, corregido, por alguien más que quiera acompañar ese maravilloso camino.


Seguí conociendo a la autora a través de su obra: Cintia Úbeda (Viedma, 1980) ha publicado El libro rojo (FER, 2019); Ciro (Vela al viento, 2020); El campeón (FER, 2021); Infancias en Ocre (Vela al viento, 2022. Escuchar fragmento); y "De cuando llueve (y otros poemas secados al sol)" (Pinda, barro y palabra, 2024). Además, textos de su autoría integran la obra “Por senderos no pisados. Antología de joven poesía rionegrina” (FER, 2020).

Fotos: gentileza Cintia Úbeda

Ciclo Somos │ Coordinación, producción y edición: María Eugenia Aliani - Entrevista: Sebastián Carapezza

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